sábado, 9 de abril de 2011

Anadrio. mucho más que un poema.

Anadrio
Otto Raúl González

Quien primero vio una nube de color anadrio
era un joven pastor de diecisiete abriles
que más tarde fue monarca de su reino
y hombre feliz hasta decir ya no,
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
En mil quinientos veinte
un español porquerizo de Castilla
vino a América y cuando se internó en la selva
vio un árbol de color anadrio
ese mismo soldado de fortuna
más tarde comió con Carlos V
y fue virrey;
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.

¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!

En la época moderna otras personas
han visto objetos de color anadrio
y su suerte ha cambiado en forma radical.

Un pescador vio una sirena cuya cola
era anadria y desde entonces
pescó y pescó y pescó y pescó y ahora
es dueño de una flota ballenera;
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.

¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!

Vendía periódicos un niño,
rapaz sin desayuno, de pobreza trajeado,
un día en su camino vio una piedra
que era, por supuesto, de color anadrio.
Ese niño actualmente es accionista
de una inmensa cadena de periódicos;
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.

Pinte usted
las paredes de su casa
de color anadrio
y le irá bien.



Anadrio, es un poema de: Otto Raúl González.
Y es el color del la felicidad y la buena suerte.
Pero también es una nueva forma de ver la vida.
Es poder regresar al paraíso y poder cambiarlo todo.
Es vomitar el fruto del árbol del bien y el mal.
Que ha desgraciado nuestras vidas.
Y cumplir el primer mandato bíblico.
No crearas ciencia de bien y mal.
Porque si lo haces, ya no podrás disfrutar la vida.
Si te interesa tu felicidad da clic. Aquí.
 

miércoles, 2 de marzo de 2011

¡¿Dios…?! Origen, creación y destino del universo. 3ª Parte


¡¿Dios…?!
Origen, creación y destino del universo

Tercera y última parte.
Por: Juan Mazondo A.
Léela en mi blog, es más fácil
 
El Destino final del universo.
-Espera, aún me falta que me digas cuál es el destino final del universo.
-Eso ya lo sabes.
-No, no lo sé- aseguró Halcón.
-Todo lo que empieza termina y el universo no será la excepción.
-Sí, pero quedaste que me ibas a mostrar cuando y como- insistió Halcón.
-Será dentro unos 12,000 millones de años. Y será en cierta forma parecido a lo que te mostré al principio.
-¿Y no me lo puedes mostrar?
-De acuerdo,- dijo Dios –acabemos con esto.
-Lo que le pasará al universo, como a todo lo que en él existe, es que se hará viejo, las galaxias y los sistemas solares consumirán su hidrogeno y oxigeno, perderán velocidad y con ello los planetas serán atraídos por la gravedad y se precipitarán hacia su estrella, creando agujeros negros.- Habían empezado a viajar en el tiempo, de pronto Dios se detuvo y dijo a Halcón:
-Estamos a noventa y cinco mil años delante de  tu tiempo, la humanidad por fin ha logrado destruirse, ¿quieres ver cómo lo hizo?
-La verdad preferiría no verlo,- señaló Halcón -¿no quedó nada?
-Nada- respondió Dios.
-Entonces la humanidad ha desaparecido para siempre.
-En la Tierra sí, en otros planetas sobrevive y ha mejorado mucho- indicó Dios.
-¿En otros planetas? ¿Como en cuáles?
-El más cercano es uno que sus habitantes llaman Anadrio.
-¿Lo puedo conocer?
-No. Si te interesa, búscalo en internet- dijo Dios.
-¿Es una broma, verdad?
-Averígualo. Y ahora vamos a darnos prisa que tenemos que viajar 6,000 millones de años, al punto en que se intensificará la contracción de universo.
Dios le fue mostrando en el recorrido por el tiempo, como algunas estrellas comenzaban a colapsar conforme agotaban sus gases, con lo cual comenzaban a contraerse; algunas no se contraían totalmente, sino que se convertían en enanas blancas, estrellas que tendrán unos pocos miles de kilómetros de diámetro y con un brillo mucho más intenso. Otras se contraían todavía mucho más quedando reducidas a unas pequeñas esferas de tan solo 10 kilómetros, las que los científicos llaman estrellas de neutrones y que tienen una densidad de cientos de millones de toneladas por centímetro cuadrado, con un poder de atracción tan grande que la luz que genera se curva sobre sí misma y ya no puede verse.
Y finalmente otras de ellas se convertían en agujeros negros, quedando reducidas a unos cuantos milímetros, y absorbiendo todo lo que quedaba cerca de ellas.
-¿Cómo puede todo un sistema solar, terminar reducido a unos cuantos milímetros?- Pregunto Halcón.
-¿Ya volviste a olvidar al microcosmos?- Recrimino Dios.
-O sea que no solo los planetas se contraen hacia su sol, sino que sus átomos también se contraen.
-En efecto, no queda ningún espacio libre de materia- Le indico Dios.
Conforme seguían avanzando en el tiempo, más y más estrellas se convertían en agujeros negros, aun las estrellas de neutrones y las enanas blancas. Y el universo entero se contraía regresando al punto donde todo había comenzado.
-Si te diste cuenta,- señaló Dios -las estrellas más lejanas son las que colapsaron primero, el universo se está contrayendo y tardará otros seis mil millones de años en volver a su origen.
-¡Uta! Falta un chingo.
-Así es, pero tú lo veras en poco tiempo.
Halcón pudo ver cómo cada vez eran menos las estrellas en el universo, que de miles de millones se convertían en miles y luego en cientos. Al tiempo que cada vez estaban más cerca del punto de origen. Para finalmente no quedar una sola estrella en el firmamento. Mientras veía como todo regresaba a su comienzo, Halcón pregunto:
-Oye, pero si no está quedando nada. ¿Qué pasa con la eternidad? ¿Y el cielo? ¿Y el infierno? Y si como dijiste, tú eres la mente del universo y vas a volver a esa bola primigenia. ¿Quién te hizo a ti? ¿Y quién creó esa masa de material híper concentrado? ¿Es que acaso hay un Dios más grande que tú, capaz de crear cien mil millones de Dioses y universos como este?
No hubo respuesta. Halcón dejó de percibir el punto donde todo el universo se concentraba y se sintió absolutamente solo.
-¿Por qué no me respondes?- Gritó, pero no pudo escuchar su voz. La oscuridad, el silencio y la soledad más absoluta era lo único que le rodeaba. Con gran terror volvió a gritar:
-¡Dios, contéstame! No me dejes aquí solo.
Pero no hubo sonido alguno, acercó su mano a su cara y no pudo verla. Ahí no había nada, absolutamente nada.
En el más absoluto silencio, en la soledad más dominante y en la oscuridad más tenebrosa. Halcón se supo en medio de la nada y el terror hizo presa de él. Se dio cuenta de que Dios ya no estaba con él. Y del fondo de su ser surgió un terrible grito de pánico.
-¡DIOS HA MUERTO!
Aquel terrible grito lo hizo despertar, justo cuando su madre entraba a su habitación.
-¿Qué estupideces estás diciendo?- Dijo su madre.
-¡Mamá!- Exclamó Halcón -Si supieras el sueño que he tenido.
-¿Y eso qué puede tener de raro? Dormido o despierto no haces otra cosa que soñar, ¿es que nunca vas a dejar de hacerlo?
 -Ya no te preocupes más, este fue mi último sueño, a partir de hoy te juro que seré otro hombre.
-Hay Halcón, ojalá de verdad sea cierto, y pongas los pies en la tierra.
-Te prometo que así será. ¿Podrías dejar de llamarme Halcón y volver a llamarme Ángel? Después de todo con ese nombre me bautizaste.
-Claro que si- Respondió feliz su madre.
Ese día en la librería, Pedro el encargado estaba de muy mal humor, su principal ayudante se había reportado enfermo, acababan de recibir un pedido importante de libros, que requerían ser dados de alta en el sistema, y de acomodarlos en las estanterías, y el único ayudante con quien contaba era Halcón. No se explicaba cómo no lo había ya corrido, después de todo resultaba un trabajador bastante inútil. -En fin -pensó, -en cuanto regrese del banco tendré que ocuparme de darlos de alta, espero que Halcón al menos sea capaz de colocarlos en su lugar. O tendré que ver la manera de deshacerme de él.
Cuando regresó del banco, su estado de ánimo era peor que cuando se fue, pues en vez de la hora que pensaba perder en el banco le habían entretenido casi tres horas. Esperó a que Halcón despachara al cliente que estaba atendiendo y le llamó.
-Vamos a acomodar el pedido de libros que llegó- le dijo -conforme los vaya ingresando te indicaré donde colocarlos. Por favor pon cuidado y no cometas errores.
-Don Pedro -dijo Ángel-, como usted no me dio instrucciones al salir me tomé la libertad de colocarlos en su lugar.
-¿Que hiciste qué? ¿No sabes que antes de colocarlos en los estantes, es necesario darlos de alta, y registrar en la computadora el lugar en donde estarán?
-Lo sé, por eso también lo hice.
-¿Y puede saberse cómo hiciste eso? Hasta donde yo sé, tú nunca lo has hecho antes.
-Pero había visto como lo hacían, ¿Quiere revisar el trabajo?
-Por supuesto que quiero hacerlo- Dijo Pedro, quien temía que corregir lo que había hecho el inútil de Halcón, le haría trabajar aun más. Para su sorpresa, todo estaba perfecto y no pudo encontrar error alguno.
-Sí que fue una sorpresa Halcón, no sabía que también podías trabajar bien.
-Debe ser porque ya no soy Halcón sino Ángel.
-Pues bienvenido Ángel. Creo que nos vamos a llevar muy bien.
Esa noche Ángel se sentó ante su ordenador y se dispuso a escribir un cuento donde narraba el sueño que tuviera la noche anterior. De pronto recordó la broma que Dios le hiciera y dirigiéndose a él dijo:
-Así, que… búscalo en internet.
Abrió el buscador de Google y escribió “Anadrio” y presionó buscar.

lunes, 28 de febrero de 2011

¡¿Dios…?! Origen, creación y destino del universo. 2ª Parte

¡¿Dios?! Segunda de tres partes.

La Creación de la vida.

-Creo que ya cumplí con lo que me pediste, así que es hora de irme.
-No, falta saber cómo se formo la vida, y a dónde se dirige el universo- replicó Halcón.
-Óyeme, todo quieres.
-Pues favor completo, ¿no?
-Está bien. Veamos que tan buen observador eres, además de que todos los planetas del sistema solar están aun incandescentes. ¿Qué otra diferencia notas en todos ellos?
Halcón observó el sistema solar y dijo:
-Pues la vedad no se a que te refieres.
-¿Cómo puedes no notarlo si es evidente?
Nuevamente estudió el sistema solar y dijo:
-Me doy. ¿Qué es lo que tengo que notar?
-Todo este tiempo lo has estado viendo en el comportamiento de todo el universo y, ¿no lo notas?
-Pues la vedad, no.
-¿No notas que es mucho más chico, que los planetas están más cerca del sol y que tanto este, como sus planetas son mucho más pequeños?
-Es cierto, que bruto soy.
-Aquí no se desmiente a nadie- remató Dios. -Pero además, hay otra cosa que es mucho más notoria.
Halcón observó con mayor atención  y de pronto exclamó:
-¡Falta Venus!
-¡Vaya! Ya estaba yo pensando si no estarías ciego.
-¿Y por qué no está? Todos los planetas del sistema solar se formaron al mismo tiempo, ¿o no es así?
-A menos que te atrevas a suponer que yo metí la pata, obviamente no es así.
-Ni tú lo permitas, lejos de mi semejante suposición.
-Otra payasada de esas y te dejo mudo- amenazó Dios.
-¡No por t… Dios!
-Estuviste cerca. Por cierto, si pones atención, podrás notar que la Tierra gira en el sentido opuesto al que tú conoces.
-Es verdad, ¿y cuándo aparecerá Venus y la Tierra girará en el sentido que conocemos?
-No comas ansias ya llegaremos a eso. Lo que te estoy mostrando es como lo hice, y te diré que, aprovechando que el universo se estaba enfriando, pensé que tener un universo de bolas de fuego, o de simples minerales y gases no era divertido, así que mientras se enfriaba comencé a crear una variedad de átomos que me permitieran después crear una gran diversidad de materiales, entornos y seres vivientes.
-¿Y por qué solo en la Tierra creaste vida?
-No digas tonterías, ¡todo el universo está vivo! Solo que son formas de vida distintas a las que tú conoces.
-A lo que me refiero es, ¿por qué solo en la Tierra creaste vida inteligente?
-No te digo- refutó Dios. -¿Cómo puedes considerarte inteligente, haciendo semejantes preguntas?
-¿Entonces sí hay vida inteligente en otros planetas?- Inquirió Halcón.
-¿Es que después de lo que has visto aun no comprendes lo insignificante que es la Tierra en  todo este maravilloso universo?
-Pues sí, no es nada, pero…
-Pero, lo que sucede es que tu especie es tan presuntuosa, que piensa que son lo máximo de mí creación. ¿Cómo puedes creer que en todo ese universo, lo mejor que hice es el hombre?
-Entonces sí hay vida inteligente en otros planetas.
-¡Pues claro que la hay! En algunos semejante y en otros diferente, pero la hay.
-¿Me la mostrarás?
-¿Lo pediste antes de ahora?
-No
-Entonces no jodas, confórmate con lo que pediste.
-Pues ya que.
-¡Ha! Te parece poco lo que te estoy mostrando.
-No, por favor continúa.
-Bien, entonces iremos a unos 4500 millones de años antes de que tú nacieras.- Nuevamente se vio Halcón trasladado en el tiempo, cuando Dios se detuvo Halcón observo un planeta Tierra, semejante a una inmensa roca obscura.
-Ahora nuevamente te pondré en un tiempo acelerado para que puedas apreciar los cambios- le indicó Dios. -Como puedes ver la Tierra se ha enfriado, o al menos eso parece, pues lo único que no es incandescente es la superficie, pero observa lo que está por pasar.
Primero fue uno, luego dos, y de pronto toda la Tierra pareció llenarse de volcanes. Halcón pudo ver asombrado como se deformaba la superficie de la Tierra, como se creaban enormes montañas y como otras partes parecían hundirse como si les estuvieran extrayendo el material que los volcanes lanzaban y vio como se formaban nubes que cubrían por completo la superficie de la Tierra, al grado de que le era imposible ver el planeta, del que por un tiempo solo los reflejos de las erupciones volcánicas a través de las espesas nubes le fueron posibles de vislumbrar.
Después conforme disminuían las erupciones, comenzó un macro-diluvio, millones y millones de litros cúbicos de agua cayeron sobre la Tierra durante cientos de años y ocuparon las partes más bajas de esta  formando los océanos. Cuando paró de llover Halcón notó que los continentes prácticamente estaban unidos, así que preguntó a Dios:
-¿Por qué los continentes prácticamente están unidos?
-Porque la Tierra aun es pequeña y no ha alcanzado su tamaño, conforme se siga expandiendo y alcance el tamaño con que tú la conoces los continentes se irán separando. Por ahora, como puedes verlo, ya tengo átomos, ya creé el agua y ya puedes ver la obra negra de lo que será la Tierra que conoces. Ahora tendremos que crear organismos vivientes. Pero antes de poder hacerlos tendremos que fabricar sustancias orgánicas, ya hice  una primera base de carbón primitivo, ahora voy a fabricar hidrocarburos de los cuales voy a sacar derivados hidrogenados y oxigenados -Halcón pudo ver cómo a lo largo de miles de años se formaban los hidrocarburos. -Lo siguiente es aprovechar lo que ya tengo para  la fabricación de proteínas.- Siguió explicando Dios y después dijo:
-Pues ya estamos listos, ya tenemos la materia prima, así que es hora de comenzar a crear organismos vivientes.
-¿Y con qué vamos a comenzar?- Pregunto Halcón.
-¿Vamos?- Dijo Dios –me huele a manada.
-Está bien, ¿por dónde vas a empezar?
-La verdad, por practicar con las nuevas sustancias, hasta dar con las combinaciones exactas.
-¿Me estás diciendo que no sabías exactamente cómo crear vida?
-Nunca antes lo había hecho, pero eso no es problema, soy tan inteligente que muy pronto lo aprendí.
Halcón fue testigo de cómo Dios experimentaba con todo tipo de reacciones químicas, cómo algunas las mantenía y otras las destruía, y luego vio cómo  empezaban a surgir organismos microscópicos, similares a los microbios que conocemos, y después de mucho trabajar Dios le enseñó un organismo muy pequeño.
-¿Qué te parece, no es fantástica?
-Halcón observó el pequeñísimo organismo y preguntó:
-La veo pero, ¿por qué te parece fantástica? ¿Qué es?
-¿Cómo que qué es? ¡Es vida! Es la primera célula, el primer organismo viviente.
-¿Y por qué dices que ese pequeño organismo está vivo? ¿Qué lo hace diferente de los otros microorganismos que has creado?
-Que descubrí la forma de programarlo para que haga lo que yo deseo, esto es, que nazca, crezca, se reproduzca y finalmente muera.
-¿Y cómo lo programaste?
-Creando lo que en tu tiempo llamarán cadenas de ADN.
-¿Y con eso se logra la vida?
-Claro, el ADN es como los programas de tus computadoras, sin ellos serían poco más que maquinas inútiles. Un organismo sin ADN podrá parecer vivo, pero no lo está.
-¿Y por qué es tan importante esa pequeña célula? Si no me equivoco, te hace falta muchísimo trabajo para crear todas las especies vivientes que poblarán la Tierra.
­-Porque lo difícil era descubrir cómo crear la vida, una vez que sabes cómo hacerlo lo demás es coser y cantar.
-¿Coser y cantar?
-¿Qué no conoces ni los dichos de tu raza? Quiero decir que de aquí en adelante todo ser más fácil. Creo que la única manera de que lo entiendas es que lo veas sobre la marcha. Observa bien cómo esta pequeña célula, crece, se parte en dos, por lo tanto se reproduce, y cada una de esas partes conforma  otro organismo igual al anterior.
Halcón vio como aquella primera célula, se dividía una y otra vez formando miles de organismos iguales,
-Eso lo veo, ¿Pero cómo vas a hacer para que de ahí salgan diferentes seres?
-Cómo ya te dije a partir de ahora todo será más fácil, lo único que hay que hacer es tomar una célula cómo esta que está a punto de reproducirse y modificarle la cadena de ADN, o lo que es lo mismo, cambiarle el programa al código fuente. Fíjate.
Dios hizo un pequeño cambio en el ADN de una célula, y esta cuando se dividió, dio origen a un organismo también unicelular, pero diferente al anterior. Dios tomó otra y nuevamente modificó el ADN, dando vida a otro organismo diferente. Después de  varios cambios Dios exclamó:
-¡Eureka! ¿Lo ves? Lo logré, por fin un organismo bicelular. De aquí en adelante ya podremos hacer organismos más complejos, todo está en  que le vaya agarrando la onda para hacer mejores y más complejos programas de ADN.
-¿Qué tan complejos serán esos programas?
-Imagina lo que será un programa de ADN de un ser humano. En la primera célula tendré que meter la información que le diga a esta célula que debe dividirse, y que al hacerlo debe cambiar para ser célula de piel, de músculo, de corazón, de riñones, de ojos, de cerebro y de todos los órganos que conforman a un individuo; y cómo deben ser estas células para que, si por ejemplo van a formar un hígado, puedan convertirse en una planta de filtraje de sustancias nocivas y de refinado de nutrientes. Y lo mismo será con todas las demás. Además del sexo que deberá tener el individuo, color de piel, ojos, estatura, serán millones de detalles los que tendré que cuidar en el ADN de una célula humana. Por eso tengo que empezar con cosas más sencillas, mientras aprendo a hacerlo bien, ¿lo comprendes?
-Empiezo a entenderlo. Estoy tratando de imaginar lo que sería hacer un programa como el que describes en una computadora y la cantidad de memoria que se necesitaría para almacenarlo. Y me parece increíble que puedas meter un programa como ese en una sola célula.
-En este momento de la creación aun no podía, pero como estás aquí, es un hecho que después pude- señaló Dios.


 Halcón vio cómo Dios  seguía jugando con las cadenas de ADN, y cómo lograba que nacieran organismos diferentes a los que ya existían. Cómo pasaban de seres unicelulares a multicelulares. Cómo aparecían las primeras algas marinas, luego plantas y así. Mientras el reino vegetal se aposentaba sobre la Tierra, el oxígeno se reproducía bajo la capa de ozono y  otros gases que formaban la atmósfera del planeta.
-Hora de empezar a fabricar el mundo animal- anunció Dios.
-¿Con qué vas a empezar?- Preguntó Halcón.
-Con lo más sencillo, por supuesto. Recuerda que te estoy mostrando cómo lo hice, y entonces yo no tenía la experiencia que tengo ahora. Empezaremos con pequeños microorganismos que se adapten a la vida marina y conforme veamos cómo salen, iré fabricando formas más sofisticadas. Además recuerda el dicho de ustedes que dice: “el pez grande se come al chico”. Por lo tanto empecemos con lo que se alimenta de lo que ya está hecho y continuemos con los que servirán alimento de los que vaya haciendo, ¿no te parece?
-Pues sí, suena muy lógico. Aunque es muy poco romántico que hayas basado la creación en la cadena alimenticia- manifestó Halcón.
-¿Romántico?- Inquirió Dios. –El  romanticismo aún no se inventa, además estoy haciendo las cosas de manera útil y funcional. Así que haz el favor de no pedir ridiculeces.
Y Dios siguió modificando cadenas de ADN, podríamos decir que les modificaba lo que se podría considerar el código fuente.  Con lo que la vida en la Tierra fue evolucionando con cuanto tipo de espécimen viviente se le fue ocurriendo. Algunos le quedaban hermosos y otros verdaderamente horrorosos. Algunos otros una vez creados los destruía, por algún defecto congénito en su creación. Conforme hacía algunos modelos se le ocurrían ideas para modelos más avanzados; los creó de todos tamaños, desde bacterias microscópicas hasta enormes criaturas marinas y terrestres, y cuando ya tenía la tierra llena de todo tipo de especies y estaba creando diferentes razas de cada una, Halcón lo interrumpió diciendo:
-¿Me permites una pregunta?
-Por supuesto- respondió Dios.
-Me estoy dando cuenta que de muchas especies las estás creando de diferentes razas.
-¿Y qué ves de raro en ello? Así fue como lo hice.
-Pues sí, pero yo suponía que sólo creaste una especie y que ésta fue evolucionando para adaptarse a los diferentes medios, dividiéndose en razas diferentes.
-¡Qué tontería! ¿Cómo podría un chihuahueño evolucionar en un gran danés, o viceversa?
-¿Eso significa que también harás al hombre de diferentes razas?
-Por supuesto, ya lo verás.
Y Dios siguió fabricando toda la variedad de especies que poblarían la tierra, incluyendo los dinosaurios y algunos hombres bastante rudimentarios, aunque de diferentes características raciales, con solo modificar cadenas de ADN. Cuando dio por concluida su creación, se volvió hacia Halcón y le dijo:
-¡Listo! Ahí lo tienes, ¿te gusta el prototipo original de lo que llamas vida en la Tierra?
-¡Maravilloso! ¿Se me permite aplaudir?
-No tengo inconveniente. Pero no lo hagas sólo por lo que hice en este pequeño planeta, piensa que mientras veías como creaba los ecosistemas de la Tierra, con todo su entorno vegetal y animal, al mismo tiempo estuve  creando entornos parecidos y distintos en todo el universo.
-¿Has estado creando y organizando todo el universo en este mismo tiempo?
-Así es- dijo Dios.
-Pero, ¿cómo has creado todo al mismo tiempo?
-Porque soy Dios, ¿lo olvidaste?
-No, pero ¿cómo puedes estar al mismo tiempo en todo el universo?
-Bueno, ¿cómo me describe tu religión? ¡Ah sí! Dicen: “Dios está en todas partes, es un espíritu puro y es infinitamente grande”.
-Lo sé, pero viendo la inmensidad del universo, no puedo concebir que estés aquí conmigo y al mismo tiempo estés en todo el universo.
-¿Será porque soy parte de todo el universo?
-¿Qué eres parte del universo? ¿Qué parte de él se supone que eres?
-¿No puedes imaginarlo?
-Pues si tú eres el que crea todo, debes ser el cerebro del universo- afirmó Halcón.
-Caliente. Digamos más bien que soy la mente del universo. Y déjame  confesarte una cosa. La verdad me resulta un poco decepcionante que nadie en la Tierra me de crédito por lo que hice. Oh sí, sé que la mayoría dice que todo lo creó Dios, pero me imaginan como alguien que sentado en el suelo hace todo tipo de figuritas de barro, luego les sopla y ¡voi-lá! Ya están vivas. Y los que se acercan a la verdad de cómo hice las cosas, tienen la temeridad de decir: la vida surgió por casualidad y evolucionó sin ninguna ayuda divina, sin la intervención de ninguna inteligencia superior. Dime, si yo te aseguro que el televisor de 3D del que te sientes tan orgulloso, es el producto de la evolución que comenzó cuando se descubrió el radio de galena, ¿me lo creerías?
-Pues sí, aunque no se qué es un radio de galena.- Respondió Halcón.
-Y si alguien te asegurara, que esa evolución se dio sin la intervención de inteligencia alguna, y que por sí solo el radio de galena se convirtió en heterodino, luego en súper-heterodino, después por sí mismo evolucionó en un televisor blanco y negro, luego cambió a color y a alta definición y finalmente se convirtió en tu 3D, ¿qué le dirías?
-Que está loco. Porque esa evolución se dio, pero bajo la dirección de muchas personas.
-¿Por qué crees, que si fabriqué primero a las tortugas que al ser humano, estas prácticamente no evolucionaron, y el ser humano en cambio ha logrado una gran evolución?
-Bueno, yo diría que es porque las tortugas no tienen inteligencia.
-¡Exactamente!  Si no hay inteligencia, no hay evolución. Por eso me molesta que quienes entre los humanos se dicen más inteligentes, se atrevan a decir que toda la evolución del universo se dio sin la intervención de una inteligencia superior, o sea sin mí.
-¿Eso significa que Darwin estaba equivocado con la teoría de la evolución?
-No del todo, digamos que existen dos tipos de evolución: la que yo creé directamente y la que las especies creadas modificaron para adaptarse mejor al medio ambiente y asegurar su subsistencia.
-Que fue la que Darwin percibió.
-Así es, y que generalmente se da por la unión de organismos sin ascendencia cercana, que eventualmente logran un individuo mejor adaptado al medio.
-¿Y cómo logran que esto se consolide?
-Muy sencillo, cuando eso sucede el nuevo individuo no permite que nadie externo a él se aparee con sus crías, él mismo se encarga de fecundarlas y luego sus descendientes directos se fecundan entre sí, de esta forma se logra una nueva raza.
-¿Incesto animal?
-Pues sí. ¡Oh, maldición! ¿Ya viste lo que están haciendo esas bestias?
-¿Cuáles?
-Los dinosaurios. Con lo que estas bestias comen y destruyen muy pronto arruinarán toda mi creación.
-¿Y qué? ¿Acaso no sabías lo que iba a pasar cuando los creaste?
-Déjate de ironías, lo que tengo que hacer ahora es arreglar esto.
-¿No basta con que los destruyas como hiciste con las especies que te salieron mal?
-No, porque estos ya tienen una historia, por tanto hay que justificar su desaparición.
-Y entonces, ¿qué vas a hacer?
Por un momento Dios estuvo pensando mientras observaba el universo. De pronto chasqueó los dedos y dijo:
-¡Eureka! ¿Vez aquel cometa?- Dijo señalando un punto en el universo.
-Sí.
-Pues vamos a desviar un poco su curso.
-¿Para qué?
-Ya lo verás.
El cometa comenzó a acercarse a la Tierra, tanto que Halcón pensó que la colisión era inevitable. Finalmente observó cómo aquel cometa pasaba tan cerca de la Tierra que su cola se separo y perdió el impulso, quedando atrapado por la atracción del sol y convirtiéndose en Venus, el planeta  que le faltaba al sistema solar. Pero su fuerza de atracción en el momento del acercamiento, detuvo por un momento la rotación de la tierra y la obligó a girar en sentido contrario. Esto provocó que los mares se salieran de su lecho e inundaran la Tierra, en algunos puntos el mar se abrió dejando al descubierto el lecho marino mientras sus aguas se precipitaban en sentidos opuestos sobre distintos continentes. Cuando aquel macro tsunami pasó, la destrucción era enorme, millones de animales y plantas estaban destruidos y aun en las montañas más altas se podían apreciar cuerpos sin vida de animales marinos, algunos de los cuales se preservarían en la lava enfriada por el agua y serían la causa de extrañas teorías en el futuro del planeta.
-Los dinosaurios que no murieron en el Tsunami, morirán de hambre por la falta de alimento- dijo Dios a Halcón.
-Pues sí, pero con semejante remedio, prácticamente acabaste con tu creación, que es lo que se suponía que querías evitar.
-No te preocupes por eso, todo lo que quiero que se mantenga lo hará.
-¿Pero cuánto tiempo tardará en rehabilitarse?
-¿Tiempo? ¿Eso qué importa? Tiempo es lo que me sobra -y Dios le permitió ver cómo todo volvía a florecer, cómo se repoblaba el mundo y cómo el hombre se superaba y evolucionaba hasta ser el animal pensante que conocemos, capaz de modificar su entorno.
-Oye, -dijo Halcón- yo te oigo pero no te veo, ¿de verdad nos hiciste a tu imagen y semejanza?
-Intenté darles algo mío, pero no resultó muy bien la cosa- le respondió Dios.
-¿Qué cosa?- Volvió a preguntar Halcón.
-La capacidad de pensar; son tan pocos los que la utilizan, que no se si valió la pena. La inmensa mayoría deja que unos pocos piensen por ellos y luego aceptan sus dichos como verdades eternas.
-Ya que hablas de verdades eternas, ¿realmente dictaste tú todas las normas que imponen las religiones para lograr la salvación?
Dios simplemente sonrió.
-¿Eso significa que tú no tuviste nada que ver con la Biblia, el Corán y demás enseñanzas religiosas?
-Mira, si quieres la verdad, cuando me di cuenta de que el hombre estaba pensando en crear lo que llaman religiones, le sugerí a uno de los que comenzaron con ese rollo, que no debían crear la ciencia del bien y el mal, porque si lo hacían, ya no podrían disfrutar de la vida. Pero después de ver lo que hicieron con mi sugerencia preferí ya no meterme.
-Entonces, ¿no existen ni el cielo ni el infierno? ¿No hay esperanza de otra vida después de ésta?- Inquirió Halcón.
-Eso, según puedo recordar, no estaba en tu petición, por lo tanto no tengo por que contestar a ello.
-Pero según lo que estoy entendiendo, las oraciones te vienen valiendo. ¿Puedo preguntar por qué decidiste conceder la mía?
-¡Caray! Esa pregunta me pone un poco en aprietos.
-¿Por qué?
-Porque me obliga a confesar que siendo todo un Dios, hay algo de vanidad en mí, y la verdad no había tenido oportunidad de mostrarle a alguien lo que había hecho.
-De lo que te estoy muy agradecido.
-Pues qué bueno, porque ahora sí ya terminé.

domingo, 27 de febrero de 2011

¡¿Dios…?! Origen, creación y destino del universo. 1ª Parte

Está es la primera de las tres partes que componen este cuento. Espero que lo disfruten.

¡¿Dios…?!
Origen, creación y destino del universo.

Por: Juan Mazondo A.
Léela en mi blog, es más fácil
 
Primera parte:
El Origen, del universo.
En un lugar de este país, en un tiempo próximo al nuestro, vivió un joven que en el momento de este relato estaba próximo a cumplir treinta y tres años. Su nombre y apellidos  por el momento no son importantes, pues todos los que lo conocían sabían cuan obsesionado estaba por conocer el origen y destino del universo.
Un día cuando llegaba a su casa, un grupo de jóvenes vecinos se pusieron a hacer burla de él.
-¡Miren! Ahí viene el hombre de la luna- dijo uno de ellos.
-No es el hombre de la luna, aunque siempre anda en la luna. ¿No es así vecino?
Nuestro personaje pasó junto a ellos sin hacer caso de lo que decían.
-¿Es verdad que siempre andas volando por el espacio?- Le dijo otro de ellos, sin obtener ninguna respuesta.
-¿Tan alto andas que no nos oyes?
-¿A poco vuelas más alto que un halcón?
-Sí, se cree el rey de los halcones.
El grupo lo rodeó y en son de burla empezó a corear:
-¡Rey halcón! ¡Rey halcón! ¡Rey halcón!
-¡Sí! Soy el rey halcón, ¿y qué?- Les respondió molesto.
Los coros y burlas aumentaron y no le abandonaron hasta que llegó a su casa, y el mote de “Rey Halcón” no le dejó nunca, fue por este nombre como todos lo conocieron en adelante.


Trabajaba Halcón como empleado en una librería, y aun cuando tenía la capacidad para ascender en su trabajo, no dedicaba a este más que un mínimo de atención, pues lo único que le importaba era leer todo lo que llegaba a la librería acerca del tema que tanto le apasionaba. Así, había leído no una sino muchas veces los trabajos de gente como Newton, Richard Bentley, Olbers, Penrose, Hawking, Chandrasekhar, Galileo, Sternberg, Hubble, y cuanto autor tenía algo que decir sobre el universo. Y a pesar de conocer todas las teorías y lo que los grandes pensadores, científicos y matemáticos opinaban, él sentía que ninguna de ellas lograba explicarle de una manera totalmente convincente cómo se había formado el universo y cuál sería su rumbo final.
De esta forma, a más de leer todo lo que encontraba relacionado con el tema, lo primero que hacia al levantarse y lo último que hacia al acostarse, era rogar a Dios que le permitiera saber la respuesta a su incógnita.


En la víspera de cumplir los treinta y tres años, cuando llegó el momento de irse a la cama se dirigió a Dios en estos términos:
-Señor, tú mejor que nadie sabe que no hay en este mundo nada que me importe más que conocer cómo comenzó el universo y qué es lo que en el futuro lejano será de él. ¿Por qué no me permites encontrar la obra de alguien que realmente sea capaz de explicármelo? O mejor aún, ¿por qué no me lo explicas tú?
Una vez que hubo formulado la que podría considerarse su oración nocturna, se metió a la cama y se durmió.
Esa noche, cuando su sueño era más profundo, soñó que Dios se dirigía a él y le decía:
-¿Así que quieres conocer el origen del universo?
Preso de una gran ansiedad contestó en su sueño:
-Sí señor, por favor dime como fue.
-Se que el decírtelo no hará que lo creas, ¿qué te parece si mejor te lo muestro?
-¡Oh, Señor! ¿Harías eso por mí?
-Llevas tanto tiempo rogándomelo, que vamos a regresar todo a su principio para que puedas verlo. Durante toda tu vida, te has estado ocupando del macro cosmos y no le has prestado ninguna atención al micro cosmos.
-¿Al micro cosmos, Señor?
-¡Sí! A esos pequeños átomos que cual si fueran microscópicos sistemas solares, conforman toda la materia que existe en el universo.
-¿Qué tienen que ver los átomos con el universo?
-¡Por mí!- Exclamó Dios- Eres más tarado de lo que pensaba. Te acabo de decir que todo el universo está formado por ellos.
-Lo sé, Señor, pero lo que yo quiero sa…
-Sé lo que quieres saber. Pero no puedo explicarte cómo se fabrica un mueble sin antes decirte de dónde sale la madera. Así que si vuelves a interrumpirme con necedades, me voy y no te explico nada.
-¡No! Por favor, te juro por ti que no vuelvo a interrumpir.
-¡Y además juras por mí! ¿Cómo pude hacer gente tan tarada? Pero en fin, si yo te hice supongo que es culpa mía. Ahora ponme atención y fíjate bien, aun cuando no puedes ver el aire, éste también está formado por átomos. Te voy a ampliar uno para que puedas verlo.
Dios juntó sus dedos índices y señaló un punto frente a él, después los separó y extendió sus brazos, y como en una pantalla gigante Halcón pudo ver un punto no mayor que la punta de un lápiz, alrededor del cual giraban en diferentes orbitas ocho puntos mucho más pequeños que apenas alcanzaba a ver.
-Lo que estás viendo es un átomo de oxigeno ampliado millones de veces. Tal como lo puedes apreciar, ¿qué espacio dirías que está ocupando?
-No sé, ¿unos cincuenta metros cúbicos?- Aventuró Halcón.
-¿Y qué crees que pasaría si los electrones dejaran de girar?
-No lo sé.
Dios hizo un gesto y los electrones dejaron de girar, al perder la fuerza gravitacional fueron atraídos por el núcleo y se unieron al punto central.
-¿Y ahora, que espacio ocupa?- Volvió a preguntar Dios.
-Menos de un milímetro cúbico.
-Bien. Entonces hagámoslo con todo el planeta. -Y a un nuevo gesto divino todos los objetos empezaron a contraerse hasta casi desaparecer, y Rey Halcón vio cómo la Tierra misma se contraía hasta no ser más grande que el punto del átomo que antes viera.
-Y ahora el sistema solar.- Un nuevo gesto y el sol y sus planetas se redujeron y se unieron, quedando solo un punto no mucho mayor que el anterior.
-¿Entiendes lo que he hecho?
-¿Dejaste sólo la materia real y quitaste todo el espacio vacío que tenía?
-Vaya, después de todo no te hice tan tonto. Eso exactamente es lo que ha sucedido. Ahora reduzcamos el universo completo y juntémoslo en una sola pieza.- A un nuevo ademán divino el universo entero se contrajo y quedó concentrado en una bola de pocos metros de diámetro.
Rey Halcón se vio flotando en la nada, sin un solo punto luminoso, sólo podía percibir desde muy lejos, porque Dios lo permitía, aquélla pequeña bola que contenía todo el universo.
-¿Ahí está todo el universo?- Preguntó Halcón incrédulo.
-Bueno, no todo- respondió Dios. -Faltamos tú y yo. Pero sabes, cada milímetro cúbico de esa bola, pesa millones de millones de toneladas.
-¿Dijiste que faltamos tú y yo? ¿Es que acaso tú estabas en esa bola primigenia?
-No te quieras pasar de listo. Bástate saber que así era el universo un segundo antes de lo que los libros que lees llaman big bang. Ahora dime, ¿qué es lo que rodea a esta esfera de materia?
-Nada.
-En efecto, solo la nada la rodea y sin embargo, es tan grande la atracción que ejerce esa pequeña esfera que aun la nada se curva hacia ella.
-¿Cómo puede curvarse la nada si no es nada?
-Para poder explicarte eso, tendría que haberte dado mucha más capacidad mental, y no te la di. Por lo tanto, confórmate con mi palabra de que así es, y que el tiempo-espacio que rodea a ese universo, que ha sido comprimido hasta no tener más que el contenido de materia básica sin el más mínimo espacio libre entre ella, se encuentra curvado hacia él.
-¿Y luego?
-Luego, veamos lo que sucedió cuando esta materia se liberó- a un gesto de Dios, la pequeña esfera explotó, y Rey Halcón pudo presenciar el más increíble y maravilloso espectáculo de fuegos artificiales o, quizá debíamos decir fuegos naturales, que cuales líneas de una luz blanquísima pintaron el espacio en todas direcciones, y conforme se alejaban de su punto de partida se hacían cada vez más grandes.
-¿Observaste la enorme velocidad con que se separaron de su lugar de origen?
-Desde luego. Supongo que es natural cuando algo así explota.
-En buena parte así es, pero también la velocidad aumentó por el efecto de descompresión del espacio-tiempo.
-¿Y esto es importante?- Preguntó Halcón.
-Desde luego, porque el impulso extra que le dio la descompresión desaparece pronto, pero permite que cada una de estas 100,000 millones de futuras galaxias venza la atracción que entre ellas se produce. De otra manera volverían a atraerse entre sí y formarían una unidad.
-No entiendo por qué eso importa. Pudiste darle más fuerza a la explosión y sería lo mismo, ¿no?
-No seas tonto, si la velocidad inicial se mantuviera, las galaxias se separarían tanto, que cuando la tierra vuelva a existir, en lugar de un cielo tachonado de estrellas verías sólo un par. ¿Te gustaría eso?
-No, claro que no.
-Pues por eso es necesario primero una gran velocidad, para que no vuelva a colapsar, y después mantener la velocidad justa de expansión ya que si es poca en algún momento colapsaría de nuevo, y si es mucha se expandiría demasiado. ¿Comprendes?
-Eso creo.
-Ahora fíjate en lo que ha sucedido. De una temperatura casi infinita que existía en la materia original, en el primer segundo bajó a unos 10,000 millones de grados, o sea, unas mil veces la temperatura que tendrá el centro del sol. A esta temperatura los átomos no tienen protones ni neutrones, que serán la base de su núcleo. Sólo están conformados por fotones, electrones y neutrinos, ¿sabes por qué?
-Creo recordar que Hawking decía que a esta temperatura tenían la fuerza suficiente para escapar.
-Pues sí, así es. Pero ya han pasado casi dos minutos y la temperatura ha descendido a unos 1,000 millones de grados. Ahora protones y neutrones ya no tienen la fuerza para escapar. Por tanto empiezan a formarse pares de protones y electrones y en este momento se están formando millones y millones de átomos con un solo protón y un solo electrón. ¿Sabes qué materiales existían que estuvieran formados con un solo par de electrón y protón?
-¿El deuterio y el hidrógeno pesado?- Aventuró Halcón.
-Me sorprendes, se ve que sí estudiaste. Entonces sabrás que pronto comenzarán a formarse átomos con dos protones y dos electrones, como el litio y el berilio. En las dos horas siguientes, aproximadamente la cuarta parte de estas bolas de fuego estarán formadas por helio y una cantidad pequeña de hidrogeno pesado, y los neutrones sobrantes se convertirán en protones, formando el hidrogeno ordinario.
-Eso creo.
-Pues no lo creas, así es. Y ahora, yo creo que tendremos que trasladarnos en el tiempo un millón de años, pues en todo ese tiempo a estas galaxias en ciernes no les sucederá nada nuevo. Sólo continuaran expandiéndose en el espacio.
Un nuevo gesto divino y se encontraron un millón de años después. 
-¿Cómo ves ahora al joven universo?- Preguntó Dios.
-¡Wow! Se ve fantástico- exclamó Halcón.
-¿Y qué cambios le notas?
-Que ahora es mucho más bello, tiene formas diferentes y colores increíbles, además se han expandido muchísimo. Pero no parecen galaxias, las veo demasiado grandes, ¿es porque aún están relativamente cerca?
-Por eso y porque no son galaxias. Los cuerpos luminosos que ves son nubes de gases de lo que serán las galaxias. En el millón de años que han trascurrido la temperatura ha bajado a unos pocos miles de grados. Ahora empezarán a colapsar  y en  cada una de las aproximadamente 100,000 millones de galaxias se formaran  unas 100,000 millones de estrellas.
-¡Increíble! ¿Y eso cuándo sucederá?
-Ya ha empezado, solo que el proceso es lento. Dentro de estas futuras galaxias, algunas partes han empezado a contraerse y a girar sobre sí mismas, cuando la velocidad de giro pueda superar la atracción de la masa se irán separando unas de otras.
-Pero no puedo verlo, ¿verdad?
-¿Por qué no? ¿Acaso no soy yo Dios?
-Pero te entendí que dura millones de años.
-Sí, pero yo puedo acelerar tu tiempo. ¿Quieres verlo?
-¡Claro!
Llevado de la mano divina, Halcón pudo contemplar cómo comenzaban a formarse millones y millones de estrellas y cómo se expandían en el espacio formando las galaxias. También observó que a cada una de ellas se le formaban uno o varios planetas que giraban alrededor de ellas.
-¿Y cuál de todas estas estrellas es el sol?- Preguntó Halcón.
-Ninguna, el sol aún no se forma. Todas las que vez, son estrellas de primera generación y el Sol es una estrella de segunda generación- le respondió Dios. 
-¿Y hasta cuándo se formará el sistema solar?
-Aún faltan otros 8,000 millones de años.
-¿Tanto?
-Así es, dame la mano y adelantémonos en el tiempo, para que veas cómo se formo el sistema solar.
Como en un calidoscopio, Halcón recorrió el tiempo a una increíble y fabulosa velocidad, donde apenas como un relámpago alcazaba a ver algunos cambios en el universo.
Cuando finalmente aquella velocidad se hizo menor, Dios señaló una inmensa estrella y le dijo:
-Nos hemos adelantado otros 2,000 millones de años. Observa con atención lo que le está pasando a esa estrella.
-¡Es enorme!- Exclamó Halcón.
-Así es, y por lo mismo está a punto de colapsar.
-Recuerdo que leí que las estrellas más grandes tienen que ser mucho más calientes, y por ello consumen más rápido el hidrogeno que contienen.
-Pues ésta ya consumió el suyo.
-¿Y va a colapsar en este momento?- Preguntó Halcón.
-Sí, te ajustaré el tiempo para que puedas verlo. Observa cómo empieza a contraerse, al hacerlo se está calentando mucho más, por lo tanto está consumiendo todo su helio, mismo que se convierte  en carbono y oxígeno. Ahora observa cómo sigue contrayéndose, cómo su fuerza de atracción se hace tan grande que la luz que emite se dobla hacia ella y ya no puede salir. ¿Lo ves? Ahora se ha convertido en  lo que llaman un agujero negro.
-Pero si como dices, ahora es un agujero negro, ya nada puede escapar de él, y tú dijiste que de aquí se formará el sol.
-Todavía no termina de contraerse. Ahora viene lo bueno.
Una gran explosión se produjo y una luz vivísima, más intensa que todas las demás estrellas salió despedida del agujero negro.
-¡Ay!- Gritó Rey Halcón tapándose los ojos.
-Perdón,- dijo Dios poniendo su mano sobre los ojos de Halcón- olvidé ajustarte la vista, pero no hay problema, ahora ya estás bien.
Rey Halcón pudo apreciar cómo se alejaba en el espacio aquella bola de luz más intensa que el resto del universo.
-¿Es una supernova?- Preguntó.
-En efecto, eso es. Ahora observa lo que quedó donde estaba el agujero negro.
-Parece sólo basura espacial.
-No lo digas tan feo, piensa que de todo ese material saldrán muchas nuevas estrellas, entre ellas el sol y sus planetas.
-¡Sácatelas! Salimos de la basura.
-Te dije que cuides tus expresiones. Pronto toda esa materia empezará a rotar y formará varias estrellas y planetas que girarán a su alrededor.  Al principio  los planetas sólo serán conjuntos de polvo cósmico y gases, y serán bastantes fríos, pero al condensarse se volverán incandescentes. Ahora vamos unos millones de años hacia adelante en el tiempo para ver cómo quedó el sistema solar.
Cuatro millones de años después, Halcón pudo ver el sistema solar ya formado, solo que todos sus planetas estaban aun incandescentes y brillaban como pequeñas estrellas.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Y próximamente… ¡¿Dios…?!

Un pequeño cuento en tres entregas, donde:
Rey Halcón, ve recompensados sus esfuerzos y suplicas, cuando Dios le permite conocer en un sueño:
El Origen,
                La Creación,
                               Y el,
Destino final de universo.
Para escribir este  pequeño cuento, que próximamente daré a conocer y será publicado en tres entregas.
Me he apoyado.
Para escribir el Origen y el destino final, en Stephen Hawking.
Para la Creación, me he ayudado con: Moisés, Oparin, y Darwin.
Así que cómo quien dice, el Origen es por: Hawking y yo
La Creación por: Moisés, Oparin, Darwin, y yo
Y el Destino final por: Hawking y yo.
Sí con la ayuda de todos esos genios, no logro que les guste, tendré que reconocer que cómo escritor soy muy malo.
Mientras lo termino. Les dejo un capitulo  de Anadrio.  Nombre de mi primera novela. Sí les gusta, pueden encontrarla en el buscador de Google.

MESA DEL PADRE FRANCISCO
Antes que nada dijo Cedar, el ministro que encabezaba la mesa permítame darle nuevamente la bienvenida a Anadrio. Le aseguro que todos estamos muy contentos con su visita pues, por fin, podemos constatar la existencia de vida inteligente en otros planetas. Dígame, ¿cómo lograron en esa nave suya dejar su sistema solar para llegar al nuestro?
     Esto ha sido algo totalmente fortuito. De hecho, no tenemos la menor idea de cómo llegamos aquí. En la tierra lo llamaríamos un… por lo que veo aquí no usan esa palabra, pero allá lo llamaríamos milagro.
     Milagro, ¿y eso qué es? –pregunto Cedar.
     Un milagro para nosotros es algo que simplemente es imposible pero que sucede porque Dios así lo quiere.
     ¿Podría aclararlo un poco más? –pidió uno de los comensales.
     Verán dijo el padre Francisco–: nosotros salimos de la Tierra en un viaje que debía llegar hasta uno de los planetas de nuestro sistema solar al que llamamos Júpiter. La meta se había cumplido y comenzábamos el regreso cuando, de pronto… El padre Francisco hizo el relato pormenorizado de lo que les había pasado a bordo del Júpiter I–. Como verán, nosotros deberíamos de estar muertos pero por un verdadero milagro estamos aquí; y vivos.
     Ya veo. Ustedes llaman milagro a un suceso increíble.                   
     O tal vez sólo inexplicable por el momento –dijo Cedar.
     Y, ¿por qué le llaman “Padre Francisco”? Usted no parece ser el padre de ninguno de ellos.
     Eso se debe  a que soy un  sacerdote católico.
     Y un sacerdote católico es padre de muchos hijos, ¿verdad? terció uno de los comensales.
     No. De hecho los sacerdotes no podemos tener hijos. Nos llaman padres en un sentido figurado ya que somos sus guías espirituales.
     A ver si entendí: los sacerdotes  ayudan a los demás a desarrollar su espíritu, a ser más audaces, más imaginativos, más vivaces. Todo eso está muy bien pero, ¿por qué para hacerlo tienen que ser estériles? No veo qué tiene que ver una cosa con la otra –dijo uno de los jóvenes que se encontraban sentados a la mesa.
     No me han entendido. No es que los sacerdotes seamos estériles; lo que pasa es que hacemos un voto de castidad con el cual nos obligamos a no tener relaciones con ninguna mujer –explicó el padre Francisco.
     ¿O sea que sólo tienen relaciones con hombres?          –preguntó otro de los comensales.
     No, tampoco. Tenemos la obligación de mantenernos castos siempre.
     Quiere decir: ¿nada de nada, con nadie? preguntó otro de los jóvenes que estaba a la mesa.
     Así es –respondió el padre Francisco.
     Pero, ¿por qué? ¿Por qué privarse de uno de los mejores placeres de la vida? –insitió el joven.
     Quizás, precisamente, por eso: porque al privarnos de los placeres de la vida podemos prepararnos mejor para la vida eterna.
     ¿Cuántos años tiene, Padre Francisco? –preguntó un joven que parecía de treinta y cinco años.
     –Treinta y siete años. Más o menos los mismos que usted, me imagino dijo el padre.
     Pues se imagina mal. Yo tengo sesenta años y si usted, a su edad, ya tiene la apariencia de sesenta años, en nuestro planeta ¿cómo será su apariencia dentro de cien, doscientos, o mil años? Si le pregunté su edad es porque  imaginé que al decir que viven eternamente ya tendría, usted, al menos varios cientos de años –explicó el joven.
     Creo que no he sabido explicarme. No vivimos eternamente. Creemos que al morir no simplemente desaparecemos sino que pasamos a una vida diferente; una vida que sí será eterna.
     ¿Creen que después de muertos reviven?
     No revivimos. Pasamos a un plano superior, en el cual, si hemos tenido una conducta correcta en la tierra, podremos vivir eternamente gozando de la presencia de Dios.
¿A qué le llaman una “conducta correcta”? preguntó una joven morena.
     A las pautas de conducta que dicta nuestra iglesia y que fueron impuestas por Dios. Y justamente para guiar a nuestros semejantes en estas pautas de conducta es para lo que nos preparamos los sacerdotes.
     ¿Entonces en la tierra todos viven bajo estas pautas de conducta?
     No, esto depende de a qué… me temo que tampoco existe la palabra Religión. Depende a qué religión pertenezcan.
     ¿Qué es religión y cuántas hay en la tierra?
     Una religión es una institución dedicada a difundir la verdad divina y las normas de conducta que deben seguirse.
     Pero, según le entendí –dijo Cedar ustedes creen que Dios les dictó esa verdad y esas normas. ¿Cómo es, entonces, que cada grupo o religión tiene normas y verdades diferentes?
     Porque cada religión tiene creencias diferentes.
     Padre Francisco –intervino otro joven–, usted habla mucho de creencias. ¿Debo entender que en realidad no lo saben? ¿No saben si Dios dictó esas normas? ¿No saben si existe esa vida eterna? ¿No saben si existe esa verdad divina? ¿No lo saben a ciencia cierta y solamente lo creen, además de que cada grupo cree cosas distintas? ¿Así es?
     Bueno, tenemos bases sólidas para sostener esas creencias.
     ¿Como cuáles?
     Está La Biblia, por ejemplo.
     La Biblia. ¿Qué es eso?
     Es un libro que, creemos, es de inspiración divina y que narra la historia de los primeros habitantes de la Tierra  desde la creación del universo. Ustedes, me imagino,  deben tener algo semejante –dijo el padre Francisco.
     Un libro como ese que usted dice no. No lo tenemos. Pero hay una antigua leyenda universal que habla de la creación de Anadrio. ¿Le gustaría escucharla? –preguntó Cedar.
     Me encantaría.
     Cuenta esta leyenda que, en el principio, Dios creó a Anadrio y le puso una estrella muy grande para que lo iluminara, así como agua, plantas y animales y, antes de dar por terminada su creación, Dios creó al hombre y lo creó hombre y mujer; al hombre le puso por nombre Adán y a ella la llamo Eva. Y los colocó en un paraíso de delicias y les dijo que podían mandar sobre todos los animales y comer de todo lo que había en el paraíso. Pero en el centro del paraíso plantó dos árboles: el árbol de la vida, y el otro, el árbol del bien y del mal.
     El padre Francisco estaba asombrado mientras escuchaba este relato, sin embargo, no hizo ningún comentario.
     Y Dios advirtió al hombre y a la mujer que el fruto de este árbol, el árbol del bien y del mal, les estaba prohibido comerlo. Si decidían ignorar esta advertencia morirían irremisiblemente. Y cuenta la leyenda que una serpiente trató de convencer a Eva para que comiera de aquel árbol prohibido. Cuando la serpiente casi convencía a Eva llegó Adán y, tomando a la serpiente por la cabeza, la lanzó lejos y le dijo a Eva: No es bueno desobedecer a Dios; además el fruto de este árbol ni siquiera se ve apetecible, en cambio, el fruto del árbol de la vida no se nos ha prohibido y es el más hermoso y jugoso del paraíso. Cuando Adán concluyó sus palabras tomó el fruto del árbol de la vida y lo comió e invitó a Eva para que también ella lo comiera. En cuanto comieron de aquel fruto se miraron y descubrieron que estaban desnudos y, por primera vez, sus cuerpos les parecieron hermosos y deseables. Entonces tuvieron relaciones sexuales y conocieron el placer que en ello había. Y aquella tarde cuando Dios llegó al paraíso llamó a Adán y en cuanto lo vio supo que había comido el fruto del árbol de la vida y le dijo: veo con placer que has comido el fruto del árbol de la vida. Y dijo Adán a Dios: así es, Señor. Pero, ¿cómo lo has notado? Y Dios le contestó: Porque veo en tu mirada el brillo que indica que has aprendido a disfrutar de la vida. A partir de aquel día el hombre y la mujer aprendieron que todas sus actividades podían proporcionarles placer, lo mismo si se trataba de bañarse en el río, que de probar los frutos del paraíso. Y fue así también que descubrieron, cuando un conejo quedó atrapado en un árbol que ardía incendiado por un rayo, el placer de cocinar la carne de los animales;  y el placer  de la sazón cuando un trozo de carne que comían, junto al mar, se les mojó por casualidad salando su carne. Así que un día dijo  Adán a Eva: el comer el fruto del árbol de la vida ha sido bueno para nosotros. Quizás el comer el fruto del árbol prohibido nos haga la vida miserable así que, para evitarnos la tentación, te propongo que arranquemos este árbol y lo echemos al fuego. Y así lo hicieron. Desde entonces el árbol del bien y del mal no existió más en el planeta Anadrio. ¿Qué le parece la leyenda, Padre Francisco? –preguntó Cedar.
     –Asombrosa. Y lo digo porque es casi idéntica a la que se narra en el libro del Génesis de nuestra Biblia. Incluso los nombres de nuestros primeros padres son los mismos: Adán y Eva. Lo que varía es el resultado: en nuestra Biblia el fruto que comen es el del árbol prohibido por lo que son expulsados del paraíso.
     Cómo lo siento por ustedes, Padre Francisco dijo un joven rubio porque según entiendo, Anadrio es el paraíso y la Tierra es el lugar a donde fueron expulsados todos los que comieron del árbol equivocado.
-Bueno, Padre Francisco –dijo Cedar–, olvidemos esto y espero que disfrute con nosotros el placer de nuestra comida.
     El cerebro del padre Francisco ardía tratando de asimilar lo que acababa de oír. Difícilmente disfrutaría de la comida. Acababa de comprender que la interpretación que la Iglesia daba a la metáfora bíblica estaba equivocada. Dios no hablaba de frutos ni de árboles; lo que se le había prohibido al hombre era crear ciencia del bien y del mal pues, al crearla ya no les sería posible disfrutar de la vida.