¡¿Dios…?!
Origen, creación y destino del universo
Tercera y última parte.
Por: Juan Mazondo A.
Léela en mi blog, es más fácil
Tercera y última parte.
Por: Juan Mazondo A.
Léela en mi blog, es más fácil
El Destino final del universo.
-Espera, aún me falta que me digas cuál es el destino final del universo.
-Eso ya lo sabes.
-No, no lo sé- aseguró Halcón.
-Todo lo que empieza termina y el universo no será la excepción.
-Sí, pero quedaste que me ibas a mostrar cuando y como- insistió Halcón.
-Será dentro unos 12,000 millones de años. Y será en cierta forma parecido a lo que te mostré al principio.
-¿Y no me lo puedes mostrar?
-De acuerdo,- dijo Dios –acabemos con esto.
-Lo que le pasará al universo, como a todo lo que en él existe, es que se hará viejo, las galaxias y los sistemas solares consumirán su hidrogeno y oxigeno, perderán velocidad y con ello los planetas serán atraídos por la gravedad y se precipitarán hacia su estrella, creando agujeros negros.- Habían empezado a viajar en el tiempo, de pronto Dios se detuvo y dijo a Halcón:
-Estamos a noventa y cinco mil años delante de tu tiempo, la humanidad por fin ha logrado destruirse, ¿quieres ver cómo lo hizo?
-La verdad preferiría no verlo,- señaló Halcón -¿no quedó nada?
-Nada- respondió Dios.
-Entonces la humanidad ha desaparecido para siempre.
-En la Tierra sí, en otros planetas sobrevive y ha mejorado mucho- indicó Dios.
-¿En otros planetas? ¿Como en cuáles?
-El más cercano es uno que sus habitantes llaman Anadrio.
-¿Lo puedo conocer?
-No. Si te interesa, búscalo en internet- dijo Dios.
-¿Es una broma, verdad?
-Averígualo. Y ahora vamos a darnos prisa que tenemos que viajar 6,000 millones de años, al punto en que se intensificará la contracción de universo.
Dios le fue mostrando en el recorrido por el tiempo, como algunas estrellas comenzaban a colapsar conforme agotaban sus gases, con lo cual comenzaban a contraerse; algunas no se contraían totalmente, sino que se convertían en enanas blancas, estrellas que tendrán unos pocos miles de kilómetros de diámetro y con un brillo mucho más intenso. Otras se contraían todavía mucho más quedando reducidas a unas pequeñas esferas de tan solo 10 kilómetros, las que los científicos llaman estrellas de neutrones y que tienen una densidad de cientos de millones de toneladas por centímetro cuadrado, con un poder de atracción tan grande que la luz que genera se curva sobre sí misma y ya no puede verse.
Y finalmente otras de ellas se convertían en agujeros negros, quedando reducidas a unos cuantos milímetros, y absorbiendo todo lo que quedaba cerca de ellas.
-¿Cómo puede todo un sistema solar, terminar reducido a unos cuantos milímetros?- Pregunto Halcón.
-¿Ya volviste a olvidar al microcosmos?- Recrimino Dios.
-O sea que no solo los planetas se contraen hacia su sol, sino que sus átomos también se contraen.
-En efecto, no queda ningún espacio libre de materia- Le indico Dios.
Conforme seguían avanzando en el tiempo, más y más estrellas se convertían en agujeros negros, aun las estrellas de neutrones y las enanas blancas. Y el universo entero se contraía regresando al punto donde todo había comenzado.
-Si te diste cuenta,- señaló Dios -las estrellas más lejanas son las que colapsaron primero, el universo se está contrayendo y tardará otros seis mil millones de años en volver a su origen.
-¡Uta! Falta un chingo.
-Así es, pero tú lo veras en poco tiempo.
Halcón pudo ver cómo cada vez eran menos las estrellas en el universo, que de miles de millones se convertían en miles y luego en cientos. Al tiempo que cada vez estaban más cerca del punto de origen. Para finalmente no quedar una sola estrella en el firmamento. Mientras veía como todo regresaba a su comienzo, Halcón pregunto:
-Oye, pero si no está quedando nada. ¿Qué pasa con la eternidad? ¿Y el cielo? ¿Y el infierno? Y si como dijiste, tú eres la mente del universo y vas a volver a esa bola primigenia. ¿Quién te hizo a ti? ¿Y quién creó esa masa de material híper concentrado? ¿Es que acaso hay un Dios más grande que tú, capaz de crear cien mil millones de Dioses y universos como este?
No hubo respuesta. Halcón dejó de percibir el punto donde todo el universo se concentraba y se sintió absolutamente solo.
-¿Por qué no me respondes?- Gritó, pero no pudo escuchar su voz. La oscuridad, el silencio y la soledad más absoluta era lo único que le rodeaba. Con gran terror volvió a gritar:
-¡Dios, contéstame! No me dejes aquí solo.
Pero no hubo sonido alguno, acercó su mano a su cara y no pudo verla. Ahí no había nada, absolutamente nada.
En el más absoluto silencio, en la soledad más dominante y en la oscuridad más tenebrosa. Halcón se supo en medio de la nada y el terror hizo presa de él. Se dio cuenta de que Dios ya no estaba con él. Y del fondo de su ser surgió un terrible grito de pánico.
-¡DIOS HA MUERTO!
Aquel terrible grito lo hizo despertar, justo cuando su madre entraba a su habitación.
-¿Qué estupideces estás diciendo?- Dijo su madre.
-¡Mamá!- Exclamó Halcón -Si supieras el sueño que he tenido.
-¿Y eso qué puede tener de raro? Dormido o despierto no haces otra cosa que soñar, ¿es que nunca vas a dejar de hacerlo?
-Ya no te preocupes más, este fue mi último sueño, a partir de hoy te juro que seré otro hombre.
-Hay Halcón, ojalá de verdad sea cierto, y pongas los pies en la tierra.
-Te prometo que así será. ¿Podrías dejar de llamarme Halcón y volver a llamarme Ángel? Después de todo con ese nombre me bautizaste.
-Claro que si- Respondió feliz su madre.
Ese día en la librería, Pedro el encargado estaba de muy mal humor, su principal ayudante se había reportado enfermo, acababan de recibir un pedido importante de libros, que requerían ser dados de alta en el sistema, y de acomodarlos en las estanterías, y el único ayudante con quien contaba era Halcón. No se explicaba cómo no lo había ya corrido, después de todo resultaba un trabajador bastante inútil. -En fin -pensó, -en cuanto regrese del banco tendré que ocuparme de darlos de alta, espero que Halcón al menos sea capaz de colocarlos en su lugar. O tendré que ver la manera de deshacerme de él.
Cuando regresó del banco, su estado de ánimo era peor que cuando se fue, pues en vez de la hora que pensaba perder en el banco le habían entretenido casi tres horas. Esperó a que Halcón despachara al cliente que estaba atendiendo y le llamó.
-Vamos a acomodar el pedido de libros que llegó- le dijo -conforme los vaya ingresando te indicaré donde colocarlos. Por favor pon cuidado y no cometas errores.
-Don Pedro -dijo Ángel-, como usted no me dio instrucciones al salir me tomé la libertad de colocarlos en su lugar.
-¿Que hiciste qué? ¿No sabes que antes de colocarlos en los estantes, es necesario darlos de alta, y registrar en la computadora el lugar en donde estarán?
-Lo sé, por eso también lo hice.
-¿Y puede saberse cómo hiciste eso? Hasta donde yo sé, tú nunca lo has hecho antes.
-Pero había visto como lo hacían, ¿Quiere revisar el trabajo?
-Por supuesto que quiero hacerlo- Dijo Pedro, quien temía que corregir lo que había hecho el inútil de Halcón, le haría trabajar aun más. Para su sorpresa, todo estaba perfecto y no pudo encontrar error alguno.
-Sí que fue una sorpresa Halcón, no sabía que también podías trabajar bien.
-Debe ser porque ya no soy Halcón sino Ángel.
-Pues bienvenido Ángel. Creo que nos vamos a llevar muy bien.
Esa noche Ángel se sentó ante su ordenador y se dispuso a escribir un cuento donde narraba el sueño que tuviera la noche anterior. De pronto recordó la broma que Dios le hiciera y dirigiéndose a él dijo:
-Así, que… búscalo en internet.
Abrió el buscador de Google y escribió “Anadrio” y presionó buscar.
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